La visita del disfraz

 

 

Han venido a la casa libélulas y trasgos,

mariposas nocturnas a sapos adheridas,

tigrecitos con hambre de inocente gacela,

capitanes piratas irascibles y fieros,

feas brujas que ocultan a tímida muchacha

y al revés, damiselas que el súcubo sostiene.

Me dan besos, me atacan, pellizcan mis flaquezas,

me recuerdan perdida, casi ciega y silente

en las inmensidades de donde me sustraen,

pero nunca me escuchan si les hablo del agua,

ni entienden, si traduzco el viento a sus oídos.

 

Del hielo sacan trozos de mi antiguo cadáver

y me muestran los ojos, los dientes que tenía,

sin dejar de mentirme inefables recuerdos

que, aseguran, desnacen a posible presente:

Amores ya perdidos, ausentes y olvidados,

que buscan encarnarse en ahoras, en lunas,

en música, en jardines, en caricias prescritas,

en góndolas que pasan bajo el arco de triunfo...

 

(Mis trágicos lisiados, mis mendigos, mis locos,

mis gatos, sor Cecilia, mis payasos, mis muertos,

se ríen al mirarnos.)


[María Beneyto]

 

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